Después de dos niñas o dos niños, ¿hay realmente un 75% de probabilidades de que el tercero sea del mismo sexo? Le Paternel consultó datos del censo francés. Los resultados publicados se acercaban al 50/50, y un estudio estadounidense posterior no resuelve la cuestión por sí solo.
¿Niña o niño? ¿Como lanzar una moneda?
Es una comparación tentadora. Durante el primer embarazo suele importar mucho más saber que todo va bien que conseguir una combinación familiar concreta. Con el segundo, sin embargo, algunas personas empiezan a hablar como si estuvieras completando una colección: «Ah, de esos ya tienes».
La expresión francesa le choix du roi, que alude a tener un niño y una niña, arrastra su propia historia: un hijo para transmitir el apellido y una hija para concertar un matrimonio conveniente. Por suerte, los niños no son cromos ni acuerdos diplomáticos.
Al llegar al tercer embarazo, las estadísticas no solicitadas suelen expresarse con todavía más seguridad.
«Después de dos hijos del mismo sexo, el tercero tiene un 75% de probabilidades de repetir»
Queríamos comprobar esa afirmación. ¿De dónde salía la cifra? No habíamos encontrado una fuente convincente.
Acudimos a los datos del censo francés de 2014 del Insee. Martial, acostumbrado a trabajar con grandes bases de datos en el sector de los videojuegos móviles, nos ayudó a extraer las cifras del artículo original. Martial tiene dos hijas. ¿Coincidencia? Esta vez nos ahorraremos el cálculo.
Qué mostró nuestro análisis de hogares franceses
El análisis original se centró en hogares con tres hijos cuyos dos primeros eran del mismo sexo. Estos son los porcentajes publicados, redondeados:
| Hijos, por orden | Porcentaje |
|---|---|
| Niña, niña, niño | 29% |
| Niña, niña, niña | 28% |
| Niño, niño, niña | 21% |
| Niño, niño, niño | 22% |
Los dos grupos con tres hijos del mismo sexo suman el 50%; los grupos con un tercero de distinto sexo también suman el 50%. Calculando por separado a partir de esas cifras redondeadas, resulta aproximadamente un 49% de niñas después de dos niñas y un 51% de niños después de dos niños.
Por tanto, nuestra extracción publicada del censo francés de 2014 no respaldaba la afirmación del 75%. Es una descripción de ese análisis, no una garantía para un embarazo concreto.
Conviene explicitar una limitación: un censo de hogares no equivale necesariamente a un historial completo de nacimientos biológicos. Haría falta recuperar los filtros exactos, los recuentos originales y las estimaciones de incertidumbre para reproducir el cálculo de forma independiente. El gráfico redondeado no demuestra por sí solo una regla universal y exacta del 50/50.
Actualización: ¿qué dice el estudio estadounidense de 2025?
Un estudio de 2025 publicado en Science Advances analizó 146.064 embarazos de 58.007 mujeres estadounidenses. Encontró una mayor concentración de hijos del mismo sexo dentro de las familias de la que predeciría un modelo sencillo de nacimientos independientes.
Sin embargo, la crítica metodológica de Judith Lok y Mireille Schnitzer, disponible en arXiv, sostiene que seleccionar por tamaño familiar y la preferencia de algunos padres por tener hijos de ambos sexos pueden producir esos patrones incluso con nacimientos independientes. Los autores intentaron introducir ajustes, entre ellos excluir el último nacimiento; la crítica cuestiona la inferencia resultante.
Observar la composición de familias que ya han tenido todos sus hijos y predecir el siguiente nacimiento después de dos hijos no son automáticamente el mismo cálculo. Este debate invita a explicar mejor la evidencia, no a sustituir el resultado francés por otra certeza.
¿Por qué circula tan bien el rumor?
El artículo original proponía una teoría: quizá se repite la cifra para disuadir a quienes quieren un tercer hijo únicamente para tener un niño o una niña. Era una hipótesis sobre el rumor, no una explicación demostrada de la conducta del personal sanitario.
El consejo de fondo no necesita un porcentaje inventado. Querer otro hijo y querer un resultado concreto son cosas diferentes. Un tercer hijo es una persona entera, no el cromo que falta.
¿Puede una dieta o una aplicación inclinar la balanza?
El artículo francés también hablaba de MyBubelly, un servicio comercial que combinaba seguimiento del ciclo, consejos dietéticos y suplementos, con afirmaciones relacionadas con el pH. Esa referencia histórica no debe interpretarse como prueba de que estos métodos permitan elegir el sexo de un bebé.
Esta edición internacional no reproduce el precio antiguo ni presenta el mecanismo anunciado como ciencia establecida. Ni las cifras de hogares anteriores ni el debate de 2025 validan un programa comercial de selección del sexo. Antes de seguir una dieta restrictiva o tomar suplementos mientras buscas un embarazo, consulta con un profesional sanitario adecuado.
La respuesta útil sigue siendo prudente: nuestro análisis francés no encontró ese supuesto 75%, y el nuevo estudio debe leerse junto a su crítica metodológica. Quien prometa una vía segura para completar la colección merece unas cuantas preguntas.
Fotografía original: Kelly Sikkema.








